Comunicar en tiempos de desánimo


Es 1988. El cura arrodillado es Alec Reid. El cuerpo abatido sobre el asfalto es el de un soldado británico. Alec Reid, católico irlandés, da la extremaunción al soldado. Un gesto premonitorio. Años después, Reid fue la persona que medió en el conflicto irlandés entre el IRA y el Gobierno británico.


Cuando le preguntaban cuál era el requisito para alcanzar la paz en un conflicto tan antiguo como ese, siempre contestaba lo mismo: charlar con sinceridad y con compasión alrededor de una mesa.

A dialogar se puede llegar por muchos caminos. Uno de ellos es el cansancio.
Convocar al acuerdo como lo ha hecho el Gobierno es lo que corresponde en momentos de desesperanza.

Encuestas, televisión, artículos en diarios y discursos en la radio, charlas en casa y diálogos en la calle; la comunicación verbal de la oposición y la comunicación no verbal del gobierno; los índices de confianza de los empresarios o las muestras de fuerza de los sindicatos, todo, en general y en particular, emana un aroma espeso de desánimo.

Algún gráfico matemático debe decir que llegados a un punto tal de cansancio, los ciudadanos ya ni sueñan con que mejore mucho su situación en los próximos meses y casi todas las dificultades se dan por descontadas.

En ese punto, lo único que espera la gente es que quienes dirigen puedan ponerse de acuerdo en algo. Algo que suponga una mejora en el futuro.
Algo esencial en cualquier acuerdo es cuidar la comunicación.

Si hay canales abiertos, si las palabras son claras, si los malos entendidos se aclaran, hay más posibilidad de un acuerdo. Ejercitarse en mantener abiertas todas las vías que permitan entender el humor colectivo ayuda mucho a llegar a acuerdos. En realidad, siempre es lo mismo: no se trata de lo que dices sino de lo que escuchas.

Tenemos, de un lado, un clima denso y espeso de angustia. De otro lado, un intento de acuerdo para combatir ese estado de ánimo.
¿Puede el contenido de un acuerdo despejar incertidumbres? No lo sabemos, pero la sola sensación de que la comunicación es posible entre los dirigentes puede devolver algo del ánimo perdido. Comunicar en momentos de desánimo implica dar una señal clara de que en la adversidades es más debemos ponernos de acuerdo.

Terapias de choque

Los psicólogos dicen que hay algunos ejercicios personales para tratar de atajar el desánimo.
Juguemos a trasladarlo a la política.
¿Qué pueden hacer los dirigentes políticos para comunicarse en momentos de pesimismo colectivo?

Primera regla: Ser genuino. Según los psicólogos, reconocer los problemas es condición para mejorar. Ser franco con la propia realidad.
Decididamente, no es frecuente en política.
Un ejercicio de autocrítica colectiva de los dirigentes políticos, por ejemplo, podría levantar el ánimo de los ciudadanos. ¿Un “lo hicimos bastante mal durante demasiado tiempo”?

Segunda regla: Dejar ir. Un ejercicio complicado. Hechos, personas, relaciones nos mantienen atados a una espiral de desánimo. Y nuestra capacidad para dialogar y comunicarnos se atrofia.
“Dejar ir”, en la política, equivale a invertir esta fórmula frecuente: ausencia de futuro y abundancia de pasado. En lugar de un péndulo permanente entre lo que hicieron mal unos u otros, el intento de preguntarse cómo queremos vivir.

Inspirar nuevas ilusiones. Los psicólogos recomiendan nuevas actividades, o recuperar viejos hábitos saludables o planear una actividad en el futuro o emprender un nuevo proyecto.
Comunicar en tiempos de desánimo requiere de la política el esfuerzo de volver a ilusionar. Quizás huir de las grandes ilusiones, que tienen desilusiones proporcionales. Y apegarse a ilusiones chicas, concretas, tangibles. Una comunicación política “femenina”, que piensa en el detalle y no en la grandilocuencia masculina. Incluso para una ciudadanía tan experta en desengaños como la nuestra, es metafísicamente imposible que no pueda ser interesada, al menos, por un proyecto que motive.

Tuit-síntesis
  • ·         Ser genuino y franco. Nada peor que frases hechas
  • ·         Salir del eje del pasado. Importa cómo salir de esto y aprender
  • ·         Nueva ilusión. Tan modesto como una hoja de ruta más clara 


Comentarios